Restaurante: Shalimar

Día de la visita: 5 de marzo de 2017
Nombre del establecimiento: Restaurante Shalimar
Lugar: Carrer del Carme, 71, 08001, Barcelona.
Comensales: Dos

Previa:

Ganas y antojo. Esas podrían ser las dos palabras que definieran mi visita al Shalimar. Ganas de hacer un post sobre este Restaurante y antojo de comida al más puro estilo de Pakistán.

En él, al frente, mi amigo Saif, siempre presente, acompañado de sus auxiliares de sala y cocineros.

A reseñar, para futuros visitantes, que el local puede pasar desapercibido si no tomáis nota de la dirección. De entrada discreta y pequeño, aunque acogedor en su interior, el Shalimar ofrece una experiencia de sabores para paladares aventureros.

 

En el interior, con decoración simple y motivos del país, un salón de tres hileras de mesas, dobles o simples, que en su caso, se unen para dar acogida a grupos mayores. También atienden con reserva, lo cual es importante a tener en cuenta, dadas las dimensiones del local.

La carta:

La carta es extensa, cubriendo el espectro que pasa desde los entrantes, platos principales cuyo destacado protagonista es el pollo, el cordero, las gambas, etc., todo ello con multitud de propuestas en cuanto a preparados (Curry, Madras, Tikka Masala, …), bebidas y postres. En resumen, una amplia gama de comidas para las que, si queréis experimentar todos los sabores, deberéis emplear más de una sesión gastronómica (varias, de hecho).

Entrando en materia, la comida:

Partiendo de la premisa que he señalado al inicio, la predisposición a visitar un establecimiento de comida pakistaní, debo reconocer que estaba dispuesto a experimentar y satisfacer un buen apetito con variados sabores. La elección, en este caso fue la de compartir un primer entrante y acompañar los diferentes platos principales con arroz para así, apreciar y potenciar el sabor de las salsas por separado.

Samosa: Elegida como entrante y presentada en una bandeja con base de lechuga, consiste en una suerte de empanadilla de hojaldre frito, en su justa medida. En su interior, una conjunción de pimienta verde, cilantro, patata y mezcla de especias.

Valorando positivamente que, en su conjunto, lo atractivo de la comida del sudeste asiático no es, precisamente su presentación -salvo honradas ocasiones-, sino su sabor, es de destacar que la samosa, en sí misma, no estuviera aceitosa. Su sabor, una mixtura de sabores frescos, aunque un tanto contundente por la presencia de la patata.

Chicken curry: Partiendo de la concepción tradicional y tan extendida del plato principal, y tomando en consideración la extraordinaria variedad de “curry” existente, debo reconocer que el sabor del chicken curry del Shalimar es extraordinario.

Un plato donde el pollo, en porciones en su justa medida para incorporar uno o varios trozos en un solo bocado se ve realzado por un exquisito curry. En su preparación se incorporan sabores de diferentes especias, cilantro, tomate, con cierto regusto dulzón, pero en su valoración global, magnífico.

Un must de “S” que recomiendo a los visitantes.
Chicken tika masala tandoori: En su presentación, muy similar estéticamente al anterior, el chicken curry, se aprecian tintes de un gusto muy diferente. Tenemos ante nosotros unas porciones pequeñas de pollo con una salsa poderosamente especiada, más espesa que la primera, con un regusto picante, propio de la cocción tandoori con el preparado tika masala.
El espesor de la salsa, propio de la preparación lenta al horno tandoori y la crema de leche, le convierte en un plato de atractivo gusto y un tanto más contuendente que el primero, pero convirtiéndose en una experiencia que no dejará indiferente.
Mutton madras: El tercer plato escogido nos llevó a variar el condimento principal, sustituyendo el pollo por el cordero, una de las estrellas principales de la comida de la región.
La carne, perfectamente melosa y sabrosa, se acompaña de un conjunto de especias para configurar la salsa al estilo madras. Fuerte sabor a especias y de olor penetrante, acompañado con cilantro.
En el paladar permanecerán regustos a canela y cardamomo, así como imponente sabor fresco, propio del jengibre.
Como apuntaba antes, decidimos acompañar las carnes con dos preparados de arroz, el Pilau Shalimar, un arroz basmati largo, acompañado de almendras y pasas con un gusto penetrante, apto, incluso para comerlo por separado, sin necesidad de mezclarlo con las diferentes salsas, y un Pilau Zafrani, esencialmente idéntico al anterior, pero sin acompañamiento de pasas y almendras, y preparado con azafrán. Debo reconocer que, quizás en este punto, pecamos en la elección al tratarse de dos preparados muy similares.
El servicio:
Como señalaba al inicio, el Shalimar es un restaurante de comida tradicional Pakistaní, enclavado en el casco antiguo de Barcelona -cerca de la Rambla del Raval-, en la que el personal viene dirigido por Saif, el responsable, un hombre atento, que hace que sus acompañantes de sala estén atentos al personal, aun cuando el espacio del salón es reducido.
Valoración: Buena. La comida es la protagonista de la experiencia, como debe ser, haciendo que la inmersión geográfica en el enclave del restaurante sea altamente satisfactoria. La expectativas se cubren con creces frente a la primera impresión que pueda resultar del lugar, desde el exterior.
Si decides dejarte llevar por los sabores del lugar, cierra los ojos y prepárate a saborear. No en vano, algo tendrá que decir el hecho de que, por lo general, siempre esté lleno el local.
Valoración global
Local
Amabilidad
Agilidad
Estética
Comida
Sabor
Elaboración
Originalidad
Promedio
En resumen, mi valoración de la experiencia gastronómica es la propia como para decidir: volveréseguro.
Buen provecho!

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