Restaurante: Petits Plaers

Día de la visita: 8 de abril de 2017
Nombre del establecimiento: Restaurant Petits Plaers
Lugar: Carrer Nou 101, Carrer Nou de D’alt, 101, 17600, Figueres (Gerona).
Comensales: Dos

Previa:

Coche, ganas de hacer kilómetros y de visitar una población: Figueres, Gerona, cercana a la frontera con Francia y acogedora de un buen crisol de culturas. Así, pusimos rumbo al destino por la mañana, para pasar buena parte del día y, porqué no, aprovechar para hacer compras. Debo reconocer; sin embargo que, este post es uno de los que más claros he tenido tanto desde el inicio, como en su desarrollo y recomendación final. Si quieres saber porqué, sigue leyendo…En cuanto a la ciudad, es muy aconsejable entrar en los pequeños establecimientos locales de alimentación e interactuar con los comerciantes. La gente es muy hospitalaria, sabedores del gran número de visitantes que traspasan la frontera para visitarles.

En cuanto al local, “S” y yo decidimos, tras algunas recomendaciones en TripAdvisor, visitar un Restaurante de los calificados como: “mejor considerados por los vecinos”. Y en este punto, una cosa a tener en cuenta, quizás la recomendación de los vecinos, junto a la estética interior del local, sea lo único positivo de la experiencia.

La carta:

Una vez ubicado el establecimiento, visualmente poco atractivo desde el exterior, pasamos a un salón diáfano con mesas a ambos lados que nos conducen al mostrador del responsable de sala. En honor a la verdad, la estética interior, de pared rústica, se hace acogedora y con ese propósito decidimos dejarnos llevar.

A pesar de ello, aún tratándose de un sábado, no hubo opción posible. Directamente, el “Menú del sábado”, por lo que poco podíamos hacer, más que, apostar por pedir platos distintos del menú para poder probar diferentes opciones ya que la recomendación “de los vecinos” lo valoraba positivamente. Dicho sea de paso, es de destacar la existencia de faltas de ortografía o precisión en la carta, en poco menos de 16 líneas (Browni por Brownie, allvocat por alvocat -aguacate en catalán, julianne por juliana, etc.)

Aquí una imagen del exterior e interior del local:

Entrando en materia, la comida:

En el menú estas fueron nuestras opciones:

Croquetas de jamón y coco: Entre los primeros, nuevamente, aposté por las croquetas como en post anteriores. Externamente presentaban una forma redonda, bastante regular todas ellas, lo cual me hizo sospechar altamente en cuanto a su elaboración.

A pesar de ello, la preparación era correcta -la elaboración, que no la presentación, que era simple, y acompañada de un deslocalizado puñado de ensalada, como si hubiera sido extraida directamente de una bolsa-. Un exterior crujiente que, al morder, dejaba una capa melosa de bechamel. Sí, digo bien, bechamel, porque los trozos de jamón eran ínfimos, el sabor a jamón aún en menor proporción y, personalmente, el toque de coco -porque no me atrevo a decir “sabor”- era inexistente.

La mermelada de higo, dulce, aporta una mezcla de sabor junto a la croqueta en la que, totalmente, el sabor y gusto predominante era el de la mermelada.

Ensalada de atún, aguacate, manzana y queso de cabra: De estética atractiva, visualmente por la conjunción de colores que presentaba el plato, pero debo reconocer que su sabor, en boca era totalmente neutro. Ni tan siquiera con el queso, laminado, podía advertirse una mezcla de sabores contundente. Es sabido que el queso de cabra puede actuar como un potenciador y hacer que, en boca, el resto de ingredientes cuenten con un punch extra de sabor. Pero no era el caso.

Algunos trozos de manzana presentaban un aspecto oxidado, lo cual me hace pensar que en lugar de presentar un plato fresco y de elaboración inmediato, tenía parte de sus componentes preparados desde tiempo atrás, sin ningún tipo de protección. El efecto visual de la manzana, apreciable, no corría a su favor. Como tampoco el gusto del atún, que bien pareciera recién extraído de la lata.

A criterio de “S” el sabor de la ensalada encontraba cierta “gracia” si se acompañaba con un poco de mermelada de higo de las croquetas. Es evidente que no decía mucho a favor del plato en sí mismo, teniendo en cuenta la nota anterior.

Entrecote madurado y troceado: Único punto a favor de la experiencia, en mi apreciación personal. La opción predispuesta del entrecote troceado facilita la labor del carnívoro aunque resta valor a la experiencia de ser él el artífice del corte; quizás uno de los elementos característicos en este tipo de platos.

A pesar de ello, la preparación era correcta y aún con la petición expresa de darle un toque por encima del tradicional “al punto”, la carne se presentaba jugosa.

En general, hubiera sido deseable acompañar la carne también con unas escamas de sal o con sal aromatizada y que en cada bocado hubiera permitido realzar el gusto de la carne. Digo lo anterior porque el acompañamiento que veis en la imagen -las patatas-, no tenían ni tan siquiera un punto de sal.

Pollo teriyaki con parmentier de patata: Como veréis en el plato, el pollo se presentaba en lo que no eran otra cosa que dos muslos que traslucían, totalmente, la estética del corte de un envasado de carne.

El concepto, bien elaborado podía resultar interesante, de no ser porque una de las porciones de pollo estaba totalmente ausente de sabor a la salsa. Si la propuesta era un marinado en teriyaki, sólo uno de ellos tenía “algo” de su esencia.

Por su parte, el parmentier de patata, que puede incluso aceptarse -por derivación del concepto original- como el tradicional puré de patata, era de un gusto totalmente neutro. Su presentación, más próxima a una solución semilíquida, no auguraba un buen elemento. Y así resultó: ni por separado, ni en unión con la carne permitía que en boca se uniesen sabores que podrían haber resultado singulares.

Mousse de limón: Simple. Presentación en plato de una mousse de limón industrial, preparada y digna, a mi parecer, de cualquier cadena de platos precocinados y en cámaras de frío. Anodina y ausente del gusto a limón que cabía esperar. Más bien, era el propio resultado de la utilización de edulcorantes y saborizantes que pretendían asemejar el sabor del cítrico, que por otro lado, dejaba un regusto final dulzón. El acompañamiento, un golpe de nata de un difusor.

Brownie: Siguiendo la línea anterior, presentación en plato de una porción al corte de un brownie precocinado. Reseco y con una corteza excesivamente dura. Al corte con cuchara, se desmenuzaba en porciones secas. Nuevamente, hace aparición el golpe de difusor de nata industrial, que en este caso, permitía digerir lo angosto.

Aquí os dejo algunas imágenes de nuestros platos.

 

El servicio:
El servicio fue diligente y ágil. Diligente por la amabilidad de la responsable de sala. Ágil, como no podía ser de otra manera, porque los platos nos llegaban con muy poco margen entre los primeros y los segundos, lo cual no hace más que acrecentar lo que apoya mi valoración final.
Valoración: Mala. A pesar de las opiniones existentes en TripAdvisor, el Restaurante, en mi opinión es el exponente de un propósito: servir comida con depurada tecnicidad, pero:
  • Que evidencia que la comida, en buena parte, es el resultado de la utilización de platos preparados – patatas, postres, incluso me atrevería a decir que las croquetas y el puré-.
  • Que el acompañamiento para muchos de los platos con toques de pimentón –croquetas, ensalada, pollo y entrecot– o de una reducción –para mi paladar aún desconocida en cuanto a su sabor en el pollo y entrecot– no aporta un plus visual en cuanto a la presentación. Menos aún en cuanto al resultado y sabor del mismo, porque no está llamado a eso.
  • Que, como he sostenido en muchas ocasiones, la utilización de eufemismos en carta como “elaboración a base de tubérculos semicocidos y acariciados por una efervescencia oleosa” no ha de comportar para el comensal una sobrevaloración si lo que se sirven no son más que las tradicionales “patatas fritas”. A no ser que en su elaboración se hagan uso de elementos o técnicas exclusivas, parece más honesto para el comensal utilizar los términos en su propia expresión cuando lo que posteriormente servirá al cliente no es más que una preparación tradicional o lo que es peor, ya precocinada o industrial. Lo rimbombante y elaborado del nombre se ha de traducir también en el plato.

Valoración global  

Local
Amabilidad
Agilidad
Estética
Comida
Sabor
Elaboración
Originalidad
Promedio
 

En resumen, mi valoración de la experiencia gastronómica es la propia como para decidir: seguro que no volveré.
Buen provecho!

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