Restaurante La Pasarela

Día de la visita: 25 de febrero de 2017

Nombre del establecimiento: Restaurante La Pasarela

Lugar: Centro Comercial La Roca

Comensales: Cuatro

Previa:

Mi visita al Restaurante surgió a consecuencia de la necesidad de encontrar un lugar donde poder comer, una vez nos encontrábamos en el Centro Comercial. Sí, aprovechamos la visita al recinto (no era la primera vez) y decidí hacer algo que hasta la fecha no había hecho: comer en él.

Para ello, nos dejamos aconsejar por el dependiente, muy amable, de un establecimiento en el que habíamos hecho compras. Un lugar (Ted Baker) al que sí o sí, volveré, mientras no me escape nuevamente a Londres.

Entrando en materia, el local:

Debo reconocer que la estética del local, con terraza exterior y gran salón interior, me cautivó. Muy acorde, en términos generales con la del propio Centro Comercial. En concreto, decidimos pasar al salón, diáfano, con una gran barra a la entrada.

Buen gusto en la decoración, muy espacioso y con gran número de mesas, desde las más reducidas a otras (individuales o agrupadas) para dar cabida a grupos o visitantes más numerosos.

El ambiente es cómodo, se puede mantener una buena conversación sin necesidad de alzar la voz o de oír la conversación del comensal que tengas al lado. La elección de la mesa, mala. Al lado de la puerta de acceso a la cocina. Aún quedando retirada, no fue la mejor elección.

La carta:

La carta del local es variada, con algunos entrantes, ensaladas, carnes, pescado, pasta e incluso menús infantiles; recurso socorrido para paladares en formación o para quien, acompañado de pequeños, no quiere que le den mucha guerra.

La comida:

Debo reconocer que, acompañado de tres comensales más, decidimos pedir platos diferentes, lo cual me permitió, además, poder catar de cada uno de ellos. Para bien o para mal, se abrió ante mí un abanico de posibilidades.

Los tortellini con ceps y salsa de parmeggiano: Éste fue el plato que decidí escoger. Antes de continuar, deberíamos dejar unas cosas claras. Los tortellini no son ravioli. Y esto, sólo a efectos de señalar que, por más que me indicaran que el plato consistía en tortellini, lo que me presentaron finalmente fue ravioli. Mi idea inicial, al recibir la explicación, me hizo pasar por mi cabeza la concentración de sabores que podía suponer cada uno de los anillos de pasta, si en su interior contenían “ceps”, regados con una salsa de parmeggiano.

El resultado final, como habréis podido imaginar fue un tanto desilusionante. Más allá de que el producto en sí mismo, no era aquél que me habían indicado –ravioli por tortellini– consistió en cinco ejemplares de pasta rellenos de carne con alguna muestra de ceps. A ello, debo añadir que, en la presentación del plato, pude comprobar que la pasta había quedado al fondo, mientras que la salsa, esparcida por encima, se encontraba excesivamente apelmazada. Al punto de que, cuando decidí mezclar ambos productos, la pasta resultaba un conglomerado que tuve que separar, tenedor y cuchillo en mano. Ello me lleva a dos conclusiones, o bien se coció la masa por separado y sirvió en el plato para rociarla con la salsa posteriormente, o lo que sería peor, la pasta ya estaba precocinada y al servirla en el plato medió tanto tiempo entre la unión de ambos productos, que le dio lugar a compactarse.

En cualquier caso, la experiencia no fue buena.

Recomendación: una vez preparada y hervida la pasta, saltear con la salsa para que sea un preparado uniforme, dando lugar a que ambos productos se nutran el uno del otro.

A lo anterior debo añadir que la salsa estaba, salvo en contadas ocasiones, ausente totalmente de sabor a parmeggiano. Un queso que, en sí mismo, puede resultar un potenciador de sabor fabuloso, hizo aparición en contadas, aunque honrosas ocasiones.

Los ceps, testimoniales. Sin más. Recuerdo perfectamente haberlos comido en tres ocasiones, únicamente. Una mezcla que, bien conjuntada podría haber dado lugar a una explosión de sabor –la seta y el queso– acompañado de la pasta, pasó, sin más, por una experiencia, anodina.

Tagliatelle alla carbonara: Éste fue el plato escogido por “S” (mi mujer). Más allá de su apetencia natural por todo tipo de pasta “alla carbonara”, debo señalar un concepto que llevo manejando desde hace mucho tiempo atrás: la carbonara no consiste en bañar la pasta con nata y trocitos de bacon.

Los tagliatelle, eso sí, estaban bien cocinados. Estaban “al dente”, ni demasiado duros, que hicieran que se pegaran al diente, ni pasados. En su justa cocción, pero la salsa no acompañaba. En mi opinión tenía un exceso de sabor a nata que, incluso en ocasiones, hacía que permaneciese un regusto dulzón.

El Secreto con brocheta de verduras: La elección de “JL”. Un acierto en la elección. Buena presencia. La carne bien cocinada. Debo reconocer que soy partidario de la carne bien cocinada (lo siento, pero no puedo con la carne sangrante) y en esta ocasión, aún con ciertos tintes rosáceos, la carne presentaba un gusto jugoso (propio como lo ha de ser del secreto).

Apetecible visualmente, y también en cuanto al gusto.

Acompañado de un buen surtido de patatas al estilo panadera y de una brocheta de verduras bien cocinadas, permitía una buena mezcla de sabores si se optaba por incorporar diferentes productos en un único bocado.

Escalopines con salsa de queso: Elección de “P”. No, simplemente no. La presencia del plato me resultó demasiado simple.

Los escalopes (2) tenían una dimensión correcta, pero en mi imaginación antes de traerlos a la mesa, debo reconocer que surgieron una variedad de presentaciones que no se correspondieron con la realidad.

La preparación de la carne, sencilla en sí misma, era correcta, pero, como veréis en la imagen, resultaba demasiado evidente que la “salsa de queso” resultaba meramente un trozo de queso a medio fundir encima de cada porción de carne. Por otro lado, se acompañaba de un preparado de tomate que, o bien tenía un exceso de aceite o estaba preparado con anterioridad, al punto de escurrirse el agua.

El servicio: Nada reseñable en el más que evidente interés de una de las empleadas por empatizar con los clientes, que le llevó a hacer alguna broma, a sabiendas, como se le hizo saber, que la comida había salido al salón escalonada, con unos márgenes de tiempo muy altos. Igualmente, el tiempo de espera para tomarnos la comanda fue considerado, por todos, como excesivo, debiendo cerrar las cartas y buscar el contacto visual con los empleados para que se acercaran a la mesa.

Valoración: Media, sin que existiese ningún elemento notable y distintivo. Más aún, considerando el emplazamiento en el que se encuentra el Restaurante, con gran afluencia potencial de clientes, nacionales, pero también extranjeros.

Valoración global

Local
Amabilidad
Agilidad
Estética
Comida
Sabor
Elaboración
Originalidad
Promedio

En resumen, mi valoración de la experiencia gastronómica es la propia como para decidir: no volveré.

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