Restaurante: La Cabana

Día de la visita: 15 de enero de 2017
Nombre del establecimiento: Restaurante La Cabana
Lugar: C-1411z, Km. 79.5, 08600 Berga, Barcelona.
Comensales: Dos

Previa:

Apuesta por el descubrimiento y la aventura. El resultado de una escapada en la que nos dejamos aconsejar por un vecino de la zona.

El interior viene caracterizado por un salón amplio con mesas de diferentes tamaños y enmarcados por unas vistas desde la altura de Berga. Un paraje verde que no dejará indiferente.

Valga decir que decidimos hacer un alto en nuestro camino para comer con un surtido de tapas. Digo lo anterior puesto que el Restaurante cuenta, más allá del primer salón al que me refiero, con un salón de comidas que, en nuestro caso, no visitamos y que está destinado, precisamente, a comidas más reposadas y calmas. Aún así, y de ser una extensión de aquél en que “S” y yo hicimos nuestro “pit stop”.

La carta:

La carta es variada, tanto en platos, con productos de la zona, como en tapas, que, como indicó, fue nuestra apuesta personal.

Entrando en materia, la comida:

Tomando en cuenta, como apuntaba, que lo nuestro fue una “parada técnica” en nuestro camino, estaña entrada no tendrá la extensión habitual de las anteriores, pero tampoco prescindirá del detalle de lo que aquí nos trae: la comida.

Patatas bravas: Posiblemente coincidiréis conmigo que a priori, la elaboración no comporta, en sí mismo, de una gran complejidad.

Aunque también es posible que coincidáis en el hecho de que, ante unas tapas, determinados platos son un buen rasero por el que medir.

Este es el caso, en mi opinión, de las “bravas“. Y en este caso no puedo decir que nos dejarán indiferente. Como veréis en la imagen, exteriormente presentaban una imagen crujiente, de un bocado proporcionado (ni demasiado pequeñas ni grandes que hagan tener que partir la patata en varias porciones). Su interior, sin embargo, se presentaba meloso, tierno, pero suficientemente cocinado. No existe en mi opinión, desagrado mayor al crujiente exterior que, por demasiada prisa, conserva su interior crudo o duro. Como indico, no es el caso, sino que, al contrario, parece que la elaboración pase previamente por una cocción al punto del tubérculo que después es pasado por una fritura al punto.

Se acompaña de dos recipientes, separados, en una correcta mixtura del equivalente a una salsa blanca (no la tradicional mayonesa) y de un preparado rojizo sutilmente picante. No en exceso.

La propuesta, mezclar ambos. Personalmente, quizás eché de menos el punto picante que parece que deba acompañar al plato. Aún así, en boca resulta de una textura y sabor interesante.

Calamares a la romana:  Si la observación es un valor, algo tendrá que ver que en las mesas de nuestro alrededor todos los comensales tuvieran su ración de calamares.

Visto lo visto; por tanto, se hacía indispensable probarlo. Y ciertamente, fue un acierto.

Como veréis en la imagen, la pinta era apetecible. Su sabor, exquisito. El calamar tenía un punto tierno y suave que, para nada, se hacía gomoso y correoso.

El rebozado, crujiente y meloso en boca. Un acierto dejarnos llevar por lo que el resto de clientes ya sabían que era un seguro.

Croquetas de pollo: Para “S” son también un must allá donde tiene ocasión de probarlas, ya sea de pollo, jamón o cualquier otra variedad (casi cualquier otra, alguna salvedad presenta que no voy a desvelar,…por ahora)
 
Como con otros platos, aun tratándose de unas tapas, las croquetas pueden ser un rasero con el que medir la calidad de la comida que te presentan en mesa.
En esta ocasión, para mi gusto, debo reconocer que el rebozado se me hizo un tanto contundente. Con ello no me refiero a que fuera cargante o tuviera un exceso del mismo, sino que la certeza exterior presentaba una textura crujiente que; sin embargo, contrastaba poderosamente con lo sedoso de su interior, el relleno o nada de las croquetas. Éstas, por contra, como indico, se hacían jugosas en el mordisco y presentaban un intenso sabor a aquello que estabas comiendo.
Quizás, y en lo personal, ya que según reza el dicho “para gustos, colores”, presentaría el producto en porciones más pequeñas, a pesar de que, precisamente, la irregularidad de las mismas hacia seña, precisamente, de ser el resultado de una elaboración casera e individualizada. Un valor a tener en cuenta.
El servicio:
En cuanto al servicio, debo destacar la atenta atención de la camarera, que aún cuando el local presentaba prácticamente un pleno en el aforo, fue en todo momento, ágil y atento.
El tiempo de espera fue acorde con lo razonable y, una vez más, el marco paisajístico, hizo que fuera agradable el poder divisar desde las alturas una zona tan bella como Berga.
El servicio viene presentado en unas cestas metálicas con una base de papel, como si de periódico se tratase, que le da un contrapunto de elegancia a la par que rusticidad al plato.
Valoración: Buena. En conjunto la experiencia, de la que no nos habíamos generado ninguna expectativa más allá de la recomendación del vecino que apuntaba al inicio, fue un acierto. A buen seguro, habrá una segunda visita, esta vez, para tener ocasión de saborear algunos platos típicos de la zona, en el salón comedor del restaurante.
Valoración global
Local
Amabilidad
Agilidad
Estética
Comida
Sabor
Elaboración
Originalidad
Promedio
En resumen, mi valoración de la experiencia gastronómica es la propia como para decidir: volveréseguro.
Buen provecho!

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