Restaurante: Ikibana

Día de la visita: 29 de marzo de 2017
Nombre del establecimiento: Ikibana
Lugar: Doctor Fleming, 11, 08017, Barcelona.
Comensales: Dos

Previa:

Con Ikibana se me planteaba un reto. La siempre artesanal, cuidadosa y meticulosa japonesa, había decidido unirse a la cocina brasileña, llena de sabores, ritmo y exotismo. Si esto venía siendo reconocido mundialmente como un mérito, no podía quedarme al margen.

En palabras de la propia marca, nos indican que, después de la llegada a Brasil a comienzos del 1900 del primer barco de inmigrantes japonenes “la tradición culinaria nipo-brasileña tiene fama mundial y una fuerte identidad propia. Dos pueblos y dos culturas que han sabido fusionar sabores, ingredientes, colores y texturas creando una gastronomía muy especial.”

¿Cuál sería el resultado, si tenemos en cuenta que Ikibana es uno de los restaurantes emblemáticos en Barcelona en cuanto a la comida fusión? ¿Cuál sería el desafío al que nos enfrentaríamos? Decidimos acudir habiendo mantenido contacto con ellos a través de RR.SS., pero sin precisar el día. ¿Sorpresas? Así es.

Advertencia: 

Seguir leyendo este post implica, vaya por delante, dejarse llevar por una experiencia de cocina fusión. En otras palabras, abrid la mente a la mezcla de conceptos nipo-brasileños, aceptando por bueno la ruptura de las tradiciones.

El local:

El local es, sin duda, un emplazamiento sin igual. Dicho sea en el mejor de los sentidos. Desde su entrada con alfombra roja, y su recibidor antes de entrar a los salones, visualmente al comensal se le abrirán un gran conjunto de referencias donde poner la atención. El techo, asemejando una cabaña, la cocina, a la entrada, abierta al ojo del cliente, la barra de cócteles con su decoración floral, los diferentes salones con decoración simple, pero elegante,…En fin, un conjunto de experiencias visualmente muy atractivas.

Aquí os dejo algunas imágenes.

 

La carta:

La carta es extensa. Muy completa. Si en lo particular una carta con ingente cantidad de producto me hace desconfiar bajo la premisa de “aprendiz de mucho, maestro de poco“, reconozco que no es el caso de Ikibana. La carta tiene ese volumen debido, precisamente a la amplia gama de platos y elaboraciones que ofrece, en sus múltiples variedades, pasando por unos entrantes, Uramakis, Makis, Sashimis, Nigiris, platos propios de la casa, etc. y tantos otros que me dejo por el camino.

Entrando en materia, la comida:

En esta ocasión “S” y yo decidimos dejarnos llevar por la sorpresa, no puedo negar, sin algún tipo de idea preconcebida que decidimos afrontar como reto y comprobar hasta qué punto resultaba como preveíamos:

Ebi tempura: Como indica la carta, se trata de una tempura de langostinos que se acompaña de una salsa de tempura.

La presentación es exquisita. Sobre un plato oscuro, los langostinos (3) tienen una cobertura de tempura de correcta preparación. Crujientes en boca, en su justa medida, ni demasiado pastosos ni ligeros. El langostino, jugoso, en su punto. Al hacernos con cada una de las unidades de langostinos descubrimos que en la base del plato, se incorporan unas verduritas en juliana.

La mezcla entre la tempura y la salsa hace una perfecta unión de sabores que, por otro lado, hubiera resultado indiferente, como podía suceder con las verduras -sin salsa resultan de un sabor neutro-.

Wagwyu  Nigiri: Como sabréis, el Nigiri es la elaboración del sushi en el que el preparado no sigue la tradicional forma de presentarse envuelto en arroz y enrollado con el alga en su exterior. Por el contrario, se acompaña de una base de arroz, por lo general en forma de bola, y con el sushi encima.

Si a ello le unimos el reto de abandonar el sushi y transportarnos a una preparado con wagwyu -o wagyu, una res bovina del Japón- la propuesta se planteaba interesante.

Como tendréis ocasión de ver en las imágenes, el plato, de loza, se sirve con una base de hoja que acompañará a buena parte de las presentaciones y que, visualmente aporta un contraste interesante.

La porción, justa, propia para disfrutarla de un bocado en un arroz perfectamente cocinado y un wagwyu que, en lo particular, me resultó demasiado gomoso en boca a la hora de saborearlo. Desprendía un sabor intenso, con una cocción justa, pero, insisto, a mi gusto, me resultó excesivamente difícil de deshacerlo en la boca.

Sobre la presentación de la carne de res, unos brotes que aportan un toque crujiente en el paladar y que hacen perfecta unión con el resto de ingredientes.

Yakisoba: Presentados sobre un plato rectangular, la preparación no tiene ningún pero. De hecho, su presentación y gusto son exquisitos.

Una perfecta mezcla entre los fideos, las verduras y la propia salsa Yakisoba.

A destacar el juego de contrastes que aporta el plato cuando incorporamos unas pequeñas porciones de tofu o de lo que recuerda a tiras muy finas de bacon, traslucidas y ahumadas con un sabor intenso.

En esta ocasión, centraría mi contrapunto en la valoración en la cantidad del mismo que, teniendo en cuenta que fue comentado con el camarero como un plato a compartir, no suponía ningún plus en cuanto a cantidad frente al resto de platos habituales.

Yakitori: Podemos resumir mucho la esencia del Yakitori al identificarlo como una mera brocheta de carne.

Sin embargo, en esta ocasión, debo reconocer que, de entre todos los platos, quizás el Yakitori fue el que generó en “S” y en mí mismo una sensación de aparente desilusión y apatía.

La presentación, como demuestran las imágenes, bajo una hoja verde, supone visualmente un contraste interesante de colores que, intuitivamente -hace pensar- debería ir acompañado de una mezcla de sabores en boca.

La realidad, comentada con mi mujer, es que la carne del Yakitori estaba seca. De hecho, muy seca. La salsa ayudaba a hacerla más digerible, eso sí, en aquellas porciones que habían quedado bien impregnadas o regadas por la misma. Como sabéis, el arroz, ante una situación como la que os describo, no es buen compañero, aunque estaba bien cocinado.

Como indico, en su totalidad, debido a la inesperada sorpresa que nos supuso la carne, la valoración no fue buena.

Bizcocho húmedo de chocolate y frambuesa con mousse de chocolate, sablée de cacao y crujiente de frambuesa:
Detrás de lo que parece un nombre interminable, como el que acabo de detallaros se esconden una contraposición de sabores y sensaciones.
De inicio, el bizcocho húmedo de chocolate y frambuesa presenta una imagen jugosa y melosa visualmente que, en boca supone una explosión de sabor para los amantes del chocolate. La conjunción con la frambuesa aporta un toque ácido junto al bizcocho, digno de experimentar.
El sablée de cacao, por su parte, me generó cierta desilusión. Digo esto porque, en lugar de ello, estéticamente y en su concepción general, incluso en boca, me supuso un bocado (varios realmente) excesivamente gomoso y apelmazado. Incluso, difícil de digerir. No puedo evitar asociarlo a la idea de un “intento” de coulant, sin relleno y reseco. Las frambuesas en esta ocasión, no aportan nada.

 

El servicio:

El servicio es exquisito. Atento, amable, risueño y en todo momento atentos por el cliente.
Desde la llegada al Restaurante, nos recibirá un responsable que, en nuestro caso, nos comprobará la reserva y nos introducirá dentro del establecimiento para situarnos en una barra interior donde nos ofrecerán un coctail.
En la atención personal en mesa, el camarero fue ágil, diligente y, ante algunas preguntas que le planteamos -en algunas buscábamos consejo, en otras simplemente testear su conocimiento de la carta y preparación- fue totalmente resuelto y de trato correcto, pero cercano.
Debo reseñar que, durante la cena, se nos ofreció un espectáculo individual de magia a “S” y a mí, a través de varios trucos de cartas, que no nos dejaron indiferentes. Un detalle.
Valoración: Buena, sin duda, haciendo un ejercicio de apertura de miras y de asimilar una cocina, fusión, que como podéis ver, en nuestro caso, fue, esencialmente nipona. En lo que a la cuenta se refiere, considero que, su concepción global apostando por la cocina fusión, la situación del emplazamiento, el marco que ofrece el Restaurante, ayudan a presentar un importe que, en otras condiciones, calificaríamos de elevado en la calidad-precio.
 Valoración global
Local
Amabilidad
Agilidad
Estética
Comida
Sabor
Elaboración
Originalidad
Promedio
En resumen, una mezcla de sensaciones que hace por bueno el haber disfrutado de la experiencia. Mi valoración de la experiencia gastronómica es la propia como para decidir: Posiblemente volveré.
Buen provecho!

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